16 oct. 2017

La mata de salvia

Mi abuela Atlántida tenía una vieja mata de salvia. Estaba detrás de la casa, en la cerca del andén del ramal Cumanayagua,  justo debajo de la ventana de la cocina. Nunca supe si nació allí o fue ella quien la sembró. Cuando un gajo de la mata de magos filipinos le daba sombra, mi abuelo Aurelio se resistía a cortarlo.
“Viejo, yo sé que a ti te gustan mucho esos mangos —reconocía Atlántida antes de dictar sentencia—, pero tú sabes que a mi mata no le gusta la sombra”. Atlántida resolvía buena parte de nuestros males con aquella planta: fiebres, afecciones de la garganta, corrientes de aires....
De Niño, dormí muchísimas veces con hojas de salvia en cruz en la planta de los pies, dentro de las medias.  En cuanto amanecía, lo primero que hacía Atlántida era revisarlas. “¡Mira eso —me decía siempre con el mismo asombro— están tostadas, eso quiere decir que ya te vas a poner bien!”.
En la Loma de Thoreau ya tenemos nuestra mata de salvia. La conseguimos con Pichón, un haitiano que cuida un vivero en La Vega. A veces, cuando paso cerca de ella, machuco una de sus hojas entre mis manos, la huelo y pienso en Atlántida. 
Aunque no tenga nada, sé que algo me cura; solo su olor y las cosas que me recuerda.

15 oct. 2017

Llegada de un tren a la estación de La Ciotat

Me hubiera gustado estar
entre los primeros
que vieron llegar el tren
a la estación de La Ciotat.
Salir corriendo,
contigo de la mano,
en busca de alguna salida
a la noche de 1895.
Piensa otra vez
en aquellos 50 segundos
en el Grand Café de París.
El andén bañado por el sol,
la gente que va y viene
sin que podamos oírles,
la máquina que se acerca
con un silencio aterrador.
Me hubiera gustado
estar contigo ahí,
asegurarme
de que no te soltaras
de mi mano,
besarte cuando
estuviéramos a salvo
y, finalmente,
reírnos
de nosotros mismos,
burlarnos
de nuestro miedo
a la poesía del cine,
ese increíble invento
que anoche tampoco
te dejó dormir.

11 oct. 2017

Los sobrevivientes

Hace unos días, mientras le echaba gasolina a nuestro Jeep, un joven dominicano se aseguró de que Diana no lo escuchara y me preguntó cuántas venezolanas me "había dado". Cuando le dije que ninguna, puso cara de asombro. "Pero si están que lo dan hasta por una cena…", respondió desconcertado.
Al día siguiente, leí una entrevista a dos prostitutas venezolanas. Eran muy jóvenes. Una estudiaba arquitectura en Caracas, la otra quiere volver a estudiar mercadeo. Dejaron atrás todo: su familia, sus amigos, su cultura. “Lo único que yo pido es recuperar mi dignidad”, dijo al final una de ellas.
“Es increíble cómo Chávez destruyó a ese país”, me comentó un amigo en un semáforo, mientras un venezolano tragaba fuego delante de nosotros. “Sí –le respondí—, el chavismo también imitó al fidelismo en eso: ahora Venezuela es un país de sobrevivientes”.
 Por eso los jóvenes se ven forzados a marcharse, a hacer malabares o prostituirse, a vivir sin esperanza ni futuro. Hasta ahora, todas las revoluciones que se ha hecho en nombre de los que menos tienen lo único que han logrado es que nadie tenga nada, la mayoría de las veces ni dignidad.

9 oct. 2017

No dejo de pensar en ella

Ayer, mientras hacía el primer Bustelo del día, sentí unos pequeños golpes en los cristales más altos de la cabaña. Una mariposa se había quedado atrapada la tarde anterior y, en vano, trataba de volver al campo. Busqué una escalera. Cuando logré atraparla, la llevé hasta la terraza y la liberé. 
No se movió hasta que logré hacer foco sobre ella con mi iPhone. En total le hice cinco fotos. En dos de ellas, hechas en el modo Live, mueve ligeramente las alas. Como el café empezaba a subir, tuve que despedirme. Inmediatamente voló en dirección al palo amarillo. 
Hoy debe de estar disfrutando de la Loma, sobre todo de las flores de su mismo color que sembramos alrededor del andén del parqueo. Mientras me dirijo al lunes laboral, oigo la banda sonora de Paris, Texas
No dejo de pensar en ella, en las circunstancias en  que nos conocimos, en el momento exacto de la despedida. Ry Cooder no para de tocar.

Ernesto Guevara mira al pajarito

Un día como hoy, hace 50 años, Ernesto Guevara miró al pajarito y sonrió. Posaba para su última foto con vida. Tenía las manos y los pies atados, estaba herido. El corresponsal de El país en Miami, Pablo del Llano, le pide a un testigo de excepción, el agente cubano Félix Rodríguez, que reconstruya los hechos.
“En ese momento, honestamente, no tenía la percepción de lo que estaba ocurriendo, la magnitud que tenía esa operación —confiesa Rodríguez—. Para mí era una operación más. Para mí el Che Guevara no era la gran cosa, no era la figura que fabricó después Cuba”.
Cuando llegó la orden del presidente boliviano de que ejecutaran al prisionero, a Rodríguez le dieron de plazo hasta las 2 de la tarde para que lo interrogara. Hubo un momento en que hablaron de economía y Guevara culpó al embargo norteamericano del desastre cubano.
“Comandante, usted fue presidente del Banco de la Nación y ni siquiera era economista”, reclamó Rodríguez. “¿Tú sabes cómo llegué a presidente del Banco? —le respondió el Che— Un día entendí que Fidel estaba pidiendo un comunista dedicado y levanté la mano. Pero estaba pidiendo un economista dedicado”.
El piloto boliviano Jaime Niño de Guzmán interrumpió el interrogatorio con una cámara Pentax. “Mi capitán, el mayor Saucedo quiere una foto”, dijo. Justo antes de que el piloto accionara el obturador, Rodríguez le pidió al prisionero que mirara al pajarito.
Ernesto Guevara cometió muchos errores de cálculo durante toda su vida, sobre todo cuando fue presidente del Banco Nacional y ministro de Economía de Cuba. Pero el más grave de todos fue creer que valía más vivo que muerto, quizás por eso sonrió con el chiste del pajarito.
La foto de Jaime Niño de Guzmán nunca ha sido reproducida en vallas, camisetas, platos, portavasos o ceniceros.

4 oct. 2017

El 'toque' del dictador

El dictador Fidel Castro fue un pésimo gobernante, tanto, que su legado se reduce a una nación en ruinas económicas y sociales. Sin embargo, era un gran comunicador —¡uno de los más grandes!— y un verdadero maestro en el arte de bordar eufemismos, usando las palabras perfectas para simular una realidad en la que todos creyeran.  
El día que le dijeron que en el Escambray habían rebeldes alzados, su reacción fue un mensaje clave: "¡Rebeldes somos nosotros, lo que hay en el Escambray son bandidos!". Así nació la "Lucha Contra Bandidos", el disfraz mediático más eficaz para la deslegitimación de los adversarios en una guerra civil
Hoy, quien más le echa de menos a Fidel son las comunicaciones del régimen. No solo han perdido el 'toque' del dictador, sino que cometen errores impensables en él. Una prueba de ello es la Declaración del Ministerios de Relaciones Exteriores que publica Granma
Antes, los verbos "atacar" y "perpetrar" se usaban exclusivamente para conjugar al enemigo. Incluirlas en un titular como parte de una declaración de principios, es una pifia que el Comandante en Jefe jamás se hubiera permitido.
Juanita Castro confesó una vez que su hermano Raúl soñaba con ser locutor de radio. Eso puede explicar muchas cosas de las que están pasando en el gobierno del general. Falta el libretista; aun cuando sepan lo que quieren hacer, ya no saben cómo decirlo.

3 oct. 2017

Escrito en el muro de Facebook por Renay Chinea

Como mi hermano Renay Chinea —a quien suscribo y sigo siempre, con los ojos cerrados, aun en las poquísimas ocasiones en las que no estoy de acuerdo con él— está dolido conmigo porque no he fijado mi posición respecto al tema catalán, aquí lo hago.
No lo hice antes porque no soy catalán, no vivo en Cataluña y tengo gente muy querida en ambos bandos, a los que por nada del mundo quisiera herir. Me queda otra excusa: muchas de las opiniones que se han dado desde afuera me parecen repugnantes; como la de Silvio Rodríguez, quien vive en uno de los países más oprimidos del mundo y se la pasa exigiendo libertades para terceros.
Detesto los nacionalismos. Incluso si llegara el día de la reunificación de Las Villas y mis coterráneos decidieran separarse de Cuba o en el hipotético caso de que el Cibao tratara de independizarse de República Dominicana, me abstendría de jurar por esos sentidos de mi pertenencia. Como Drexler, prefiero cualquier quimera a ese trozo de tela triste que es siempre una bandera. 
El nacionalismo y, sobre todo, el patrioterismo, me parecen una farsa muy lamentable y peligrosa que solo ayuda a los que no tienen argumentos reales para mantenerse en el poder o llegar a él.
Por instinto de conservación y, sobre todo, por experiencia, desconfiaría de cualquier alianza que involucre a individuos de la calaña de Pablo Iglesias, esos que sin ningún tipo de pudor ni estómago eligen sus muertos, sus reprimidos y sus derechos. 
Todos los muertos y todos los reprimidos deben importarnos lo mismo, como los derechos tienen que ser los mismos para todos. A los 50 años, pocas cosas me asquean más que la doble moral (debe ser porque nací y crecí en una dictadura, la de Cuba, donde es moneda corriente).
Mariano Rajoy es, junto a Pablo Iglesias, el resultado de la gran decadencia en la que se encuentra hoy la política española y su gestión de la crisis de Cataluña es vergonzosa y, sin duda alguna, criminal (no tiene que haber muertos para que se cometan crímenes).
Creo que se debería convocar a un referéndum legal y, si lo ganan los independentistas, declararse la independencia de Cataluña. Si se impone la permanencia en España, también debería respetarse... ¡y honrarse!

1 oct. 2017

Talud

La lluvia derribó el corte
que habíamos hecho
en el lomo
poblado de pinos.
Llegó en la tarde
para corregirnos,
Aunque bajó decidida
a devolverle
el talud
a la montaña,
no declaró
sus intenciones.
Se limitó
a cerrar todo
para no permitir
que nadie más pasara.
Nos convertimos
en indefensos
rehenes de la noche.

La lluvia derribó el corte
y se marchó
sin que lo notáramos.
Solo vino a eso.
Aun cuando los helechos
y la hierba cubran
la herida en el barro,
seguiremos recordando
que ese talud es obra suya
y parte de su dominio.

28 sept. 2017

Hugo Lois

Al principio me costó trabajo reconocer a Hugo Lois en esta fotografía, que me llevé del Facebook de su hija Belkis. Hacía más de 20 años que no lo veía. El último jefe de estación de San Fernando de Camarones ya se parece más a su padre que a él mismo.
Su moña negrísima, engominada y meticulosamente peinada, se ha perdido en canas. Queda, eso sí, su mirada noble y astuta, capaz de acompañar lo mismo un gesto amabilísimo que una frase socarrona, tajante. Era un gran amigo de mi familia y uno de los personajes más queridos de mi infancia.
A finales de los años 70, Hugo fue jefe de estación en el Paradero de Camarones. Mis abuelos le tenían tanta confianza, que dejaban abierta la puerta que comunicaba la oficina con nuestra vivienda. Se sentaba a la mesa a almorzar con nosotros, a veces nos sorprendía por un postre hecho por su esposa.
Mi padre, que también lo apreciaba mucho, siempre le traía un mazo de tabacos del Hoyo de Manicaragua. Los recuerdo sentados en el banco del andén, hablando de los jonrones de Cheíto Rodríguez, de lo buena que estaba una mujer que se acababa de bajar del tren y de lo mal que iba Cuba.
—Esto no se cae, Hugo —decía mi padre con pesimismo y en voz muy baja, tratando de que yo no lo oyera—, pero tampoco se arregla.
Una vez mi abuelo se enfermó y tuvieron que llevárselo de urgencia para Cienfuegos. Para que no perdiera clases, me dejaron solo con Hugo. Él cocinaba para los dos y me llevaba a la escuela. Me pasé varios fines de semana en su casa, iba a jugar con Huguito y Belkis.
Había dos cosas de la estación de San Fernando que me encantaban: el molino de viento y el sistema de señales del cruzamiento del central Hormiguero. Desde una caseta, se manipulaban las veletas que dirigían el movimiento de trenes, tanto en la vía estrecha del ingenio como en la principal del ramal Cumanayagua.
Aunque al principio me costó trabajo reconocerlo, mientras más lo miro más historias me vienen a la cabeza. ¿Todavía será capaz de escribir con su impecable letra Palmer? Ahí está Hugo Lois, mi infancia y el Camilo Venegas que soy hoy le están muy agradecidos.

27 sept. 2017

De Casablanca a Hershey

Cuando el viejo tren le da la espalda
a la bahía y se deshace de los portales,
recupera su instinto animal.
Mientras olfatea el rastro de la línea
bajo la yerba, avanza
lo más rápido que puede,
tratando de llegar cuanto antes
a los antiguos cañaverales.

Cuando ya no puede más,
el viejo tren se echa a descansar
frente a un cementerio abandonado.
Nada más se mueve en el holgado valle.
Hasta el cansado vagón parece un fantasma
(uno de los tantos que la República
dejó a su suerte la madruga
en que abandonó a la isla).

Mientras olfatea el rastro de la línea
bajo la hierba, avanza
lo más rápido que puede,
como si quisiera llegar cuanto antes
al día en que por fin
lo dejen descansar en paz,
frente a un cementerio abandonado.

General Carrillo

Ahí nacieron los siete hermanos Venegas Nodal. Cuatro hembras y tres varones. Uno de ellos, Serafín Erundino Apolinar, fue mi padre. En un punto que no puedo señalar, levantaron su casa Lázaro y Eloísa. Primero fue de tablas de palma y guano. Luego de madera y tejas.
Mi padre, que casi nunca se dejaba tentar por la melancolía, hablaba de General Carrillo como si estuviera fuera de su alcance y no a menos de 100 kilómetros de Manicaragua, el lugar donde estableció su mundo y decidió vivir el resto de su vida.
Cuando comparo el mapa del Atlas de Cuba con la imagen de Google Map, puedo reconstruir el antiguo trazado del ferrocarril de vía estrecha que entraba al pueblo para enlazarlo con Yaguajay y Caibarién. Por encima, se distingue perfectamente la Norte Cuba, la línea que todavía une a Santa Clara con Morón y Tarafa.
No hay ningún Venegas Nodal enterrado en el cementerio del pueblo. Casi todos, incluyendo a Lázaro y Eloísa, murieron en La Habana y permanecen juntos en una bóveda del cementerio Colón. Pero en General Carrillo dejaron su sentido de pertenencia, que significa mucho más que la tumba.
El satélite no me permite acercarme más. Solo puedo ver a General Carrillo a vista de pájaro. No tengo manera de aterrizar en una de sus calles y ponerme a caminar hasta encontrar alguna huella de los Venegas Nodal. Inmóvil, inaccesible y con nombre de prócer.
Esto es todo lo que puedo hacer para (re)conocer el lugar donde nacieron mi padre y sus seis hermanos.

24 sept. 2017

Candelita

Junto a la terraza de nuestra cabaña, en la Loma de Thoreau, hay un pequeño monte. Cuando rompe el día y justo antes del anochecer, pueden verse muchas aves entre las ramas. Gracias a dos libros, uno sobre las de Cuba y otro sobre las de República Dominicana y Haití, he logrado identificarlas.
Ya sus voces me son familiares. Al más mínimo sonido, sé de quién se trata. Ayer en la tarde, mientras Diana servía un cocido (que, dicho sea de paso, le quedó delicioso), escuché un algo que nunca antes había salido del pequeño monte. Sonaba tal como lo describen los libros: tsit, tsit, tsit…
Empecé a buscar entre las ramas hasta que por fin di con el macho, que tiene la garganta y el pecho negro con parchos anaranjados en las alas, la cola y los costados. Con esa imagen en la cabeza me fui a las láminas y enseguida lo identifiqué. ¡Es inconfundible!
Tanto en Cuba como en República Dominicana le llaman Candelita. El Setophaga ruticilla vive y se reproduce desde el suroeste de Alaska y el sur de Labrador hasta Texas, Alabama y Carolina del Norte. A República Dominicana y Cuba llegan las hembras en septiembre y los machos en octubre.
Cuando le comenté mi hallazgo por chat a Mario Dávalos, me hizo notar que este año los machos se han adelantado. ¿Los habrán alertado los huracanes Irma y María?, me pregunté. Traté de hacerle una foto, pero ya había oscurecido demasiado y él estaba muy inquieto, como si aún se estuviera adaptando a su nueva residencia.
En todo el Caribe solo hay documentados dos nidos, uno en Camagüey y el otro en La Habana. Aunque es improbable que hagan un nido aquí, les deseo una feliz estancia en la Loma de Thoreau. Es por eso que le doy la bienvenida en todos sus nombres: Ti Tchit demidè, Demi-deuil, Black-and-white Warbler… ¡Esta es tu casa, Candelita!

22 sept. 2017

Salvavidas de hielo

Al principio me pareció terrible que las tiendas de discos empezaran a desaparecer. El exilio está lleno de cosas tristes, pero uno de mis recuerdos más alegres que tengo del momento en que abandoné Cuba, fue el descubrimiento de Musicalia, la gran tienda de discos de Santo Domingo.
Los días 15 y 30, pasaba por Musicalia a comprarme un disco caro, uno barato y uno de oferta (Ahora caigo en cuenta de que, inconscientemente, repliqué el modelo de los tres juguetes: el básico, el no básico y el dirigido. Solo que en el socialismo me tocaba una vez al año y en el capitalismo, dos al mes).
Poco a poco, en la medida en que Musicalia se hacía más pequeña, mi iTunes crecía. Llegó el día en que ya dejé de usar los CDs (mi iBook y mi Jeep ya no tienen dónde reproducirlos). Todo mi ecosistema sonoro de pronto se convirtió en algo intangible, que solo podía verse a través de una pantalla.
Ahora, mientras andaba por Google Earth, buscando una rara estación cuya foto han subido en la página de Trenes de Cuba, recibí la alerta de que se me estaba descargado Salvavidas de hielo, el nuevo disco de Jorge Drexler. Una a una, las canciones fueron cayendo en mi disco duro.
Vengo de pasar la noche vigilando a un ciclón, estoy todavía en cama, saboreando el primer Bustelo del día y empiezo a oír "Movimiento", la genial canción con la que empieza el álbum. Los golpes de varias manos sobre varias guitarras me sacan de Alquízar, el punto de la Línea Oeste que sobrevolaba.
Entonces pensé que la vida moderna no es tan mala como uno a veces se imagina, que solo hay que aprender a convivir con ella de una manera responsable, como algunos tratamos de hacer con la naturaleza. Como Diana se está bañando y el ruido del agua al caer no la deja oírme, comparto esa idea con ustedes primero.

20 sept. 2017

TGM8

Desconozco la razón por la que el color naranja se convirtió en el distintivo de la industria azucarera en Cuba. El uniforme de Las Villas, mi equipo de béisbol, tenía un central bordado en la manga y era anaranjado hasta la altura del pecho. Por la fortaleza de sus bateadores, Bobby Salamanca (el más grande narrador que tuvimos) le puso “La Trituradora Naranja”.
Por mi casa, la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones, pasaban a diario decenas de tolveros en dirección a la Terminal de Azúcar a Granel de Cienfuegos. Desde la locomotora hasta el caboose estaban pintados de naranja. Cada vagón llevaba 60 toneladas de azúcar. Aunque estaban herméticamente cerrados, dejaban un empalagoso olor a su paso.
Ahora recuerdo aquellos trenes por los pitazos de sus locomotoras, las TGM8 de fabricación soviética. Melesio Monzoña, el carpintero de mi pueblo, era conductor de una de ellas. Gracias a él hice varios recorridos en aquellas máquinas.
Esa era unas de las ventajas de pertenecer a una familia de ferroviarios, los tripulantes de los trenes hacían ciertas concesiones conmigo. Mi primer viaje en la TGM8 de Mele fue de Cumanayagua a Camarones. Era el día del pase en la secundaria de El Nicho y cuando llegué a la estación supe que habían cancelado al Mixto, el tren de viajero que me llevaría hasta mi casa.
“¡Te vas conmigo, Camilito!”, me dijo Mele mientras pedía vía para su tren de arena extraída del río Arimao. Cuando pasábamos por Breña, la máquina arrolló a varios chivos que dormían en la línea. La cabeza de uno de ellos, como en las peores películas de terror, se mantuvo colgando de la defensa por kilómetros.
Años después, en el crucero del central Espartaco, volví a subirme a la locomotora de Mele para ir a mi casa. “¡Te vas conmigo, Camilito!”, me gritó mientras me hacía señas para que me subiera a la máquina en movimiento. Entonces, ni él ni yo sospechábamos que esa sería la última vez.
Ya no existen ni el ramal Cumanayagua ni el central Espartaco, pero de vez en cuando busco en YouTube los pitazos de las TGM8. Esa es mi manera de volver a viajar en la locomotora de Mele o de ver pasar los trenes de azúcar frente a mi casa.
A veces cierro los ojos y busco dentro de mí el empalagoso olor que dejaban a su paso.

18 sept. 2017

Mariposas

El arroyo Cercado es la colindancia entre Quintas del Bosque (donde está la Loma de Thoreau) y un monasterio cisterciense. Del lado de los monjes, toda la orilla está sembrada de mariposas. Las trajo de Cuba un religioso que vivió un largo tiempo en la isla.
Al principio, cada vez que Diana y yo bajábamos a la cascada, subíamos con algunas posturas. Luego Alito, nuestro jardinero, siguió sembrando las zanjas y los lugares más húmedos. Hoy, al cabo de todos los temporales que han caído, ya tenemos un enorme monte de mariposas.
Mi abuela Atlántida también tenía muchas en el patio de la estación de ferrocarril del Paradero de Camarones. Todas las mañanas bajaba a cortar dos o tres puchas para ponérselas a sus muertos. Durante mi infancia, nunca le faltaron mariposas al recuerdo de José Mosteiro y María Góngora (los padres de mi abuela).
Luego, cuando mi abuelo Aurelio murió, también cortaba mariposas para su retrato. Las cambiaba al amanecer, mientras le ponía una tacita de café y le decía algo en voz muy baja. Nunca supe lo que murmuraba junto a la fotografía de mi abuelo.
Ahora, cada vez que bajamos de la Loma, Diana viene cargada de mariposas. Las pone junto a la Virgen del Carmen de madera que trajo de Guatemala. Desde entonces, las mañanas de El Bohío huelen igual que las de mi infancia. Le debo eso a las flores, a los rituales de mi abuela y al monje que las trajo de Cuba.
A todos ellos y a Diana les doy las gracias por la extraña felicidad que me acompaña cuando amanece, mientras el olor de las mariposas se riega por toda la casa.

14 sept. 2017

Orden de Vía Condicional

La mayoría de mis Yero fueron ferroviarios. Mi abuelo Aurelio y su amada Atlántida, mis tíos Aldo, Cary, Rafelito, Argelia y Eloy, mi madre y mis primos Ale, Lourdes, Alahím y Lazarita. Desde 1930 hasta 2012, tres generaciones de mi familia se dedicaron al movimiento de trenes y autorizaron con su apellido incontables viajes por el centro de Cuba. 
Empezando por mi abuelo, el primero, y terminando por Alahim, el último, fueron jefes en las estaciones de Camarones, Caibarién, Camajuaní, Sagua la Grande, Concha, San Fernando, Cumanayagua, San Andrés, San Juan, Cruces, Potrerillo, Jorobada, Mataguá, Perseverancia, Aguada, Rodas, Cienfuegos...
Esta Orden de Vía fue hecha por mi tía Titita (Argelia) en San Juan de los Yeras el 9 de octubre de 1989. La pidió uno de los carahatas que circulaban entre Ranchuelo y Mataguá. Ese ramal ya no existe, esa estación está en peligro de derrumbe, ese mundo (¡mi mundo!) ya desapareció. Esos trenes ya no vuelven.

13 sept. 2017

¿Dónde está Raúl Castro?

Diez muertos y la destrucción de toda la costa norte del país no ha sido suficiente. Raúl Castro sigue sin salir de su guarida. Esa es la razón por la que Diario de Cuba —desde una nota editorial— y millones de cubanos —desde el desamparo y la indignación— preguntan dónde está.
“Mientras el presidente de Francia, el secretario del Exterior de Gran Bretaña y el rey de Holanda visitaron el martes los territorios caribeños asolados por el meteoro, el general sigue sin dar la cara a los cubanos, a los que sí ha pedido ‘confianza en la Revolución’”, comenta la publicación.
Aunque Granma publicó un llamado al pueblo donde aseguraba que “la Revolución no dejará a nadie desamparado y desde ya se toman medidas para que ninguna familia cubana quede abandonada a su suerte”, miles de hogares que lo perdieron todo siguen sin recibir la más mínima ayuda.
A sus 86 años, el dictador cubano no está en condiciones físicas ni mentales de comandar la recuperación del país. Esa debe ser la razón fundamental por la que no lo sacan a la calle ni siquiera a proferir consignas o arengar un tumulto de acólitos.
Irma desnudó las miserias de la revolución y dejó en evidencia la ineptitud de sus líderes. Cuba ya se sabe incapaz de alcanzar la gloria que le habían prometido y, tal como vaticinó su Comandante en Jefe, se hunde en el mar… de sus propias ruinas.

11 sept. 2017

Con el agua al pecho

Encontré esta imagen en un muro de Facebook. Ilustra a la Cuba actual como pocas. En ella se aprecia muy bien ese país en ruinas que sobrevive de catástrofe en catástrofe, sin producir nada que lo haga avanzar en alguna dirección (cuando se está atascado cualquier movimiento es mejor que nada).
El mar, impulsado por el huracán Irma, ocupa las calles de La Habana. Parecería que no hay tiempo que perder; sin embargo, este grupo de habaneros juega a desperdiciarlo. Poco antes de dar con esta foto, leí un diálogo entre dominicanos. Comentaban “la gran disciplina del pueblo cubano”.
“Es admirable —dijo uno de ellos— todo lo que hace la revolución para minimizar el impacto de los desastres naturales”. Otro resaltó el millón de evacuados y hasta un grupo de actores que hicieron representaciones para que los refugiados disiparan el stress.
¿No es acaso Cuba una gran concentración de damnificados? El problema de los cubanos no son las tensiones de una tormenta, sino la paupérrima vida cotidiana que les espera tras su paso. Estuve tentado a compartir con ellos esta imagen, pero ese tipo de discusiones ya me hastía.
Mañana, cuando las aguas vuelvan a su nivel, se robarán algo, comprarán algo robado o —si tienen la suerte de tener un familiar en el exilio— llamarán para que les resuelva sus problemas.  Hoy el mar le da por el pecho, mañana será la realidad quien les provoque la misma sensación de asfixia.
Por eso no se les ocurre nada mejor que darle agua al dominó de sus vidas.

10 sept. 2017

El miedo también acabará derrumbándose

Mi solidaridad total con mis compatriotas, esos que no tuvieron la más mínima oportunidad de recuperarse de la catástrofe Fidel antes de enfrentar al huracán Irma. Cuba hoy es ruina sobre ruina y el régimen que la oprime hará bien poco por su recuperación, porque consume todas sus energías en reprimir a su pueblo y en sofocar todo intento de mejoría. 
Cuba ya se había quedado sin futuro antes de que Irma demoliera su presente. Ahora, como nación, solo nos queda la intemperie del pasado. Por eso dejo aquí mi solidaridad total con mis compatriotas que viven encerrados entre ciclones. Algún día esos muros dejarán de ser una amenaza, tanto para los de adentro como para los de fuera. El miedo también acabará derrumbándose.

22 ago. 2017

La hora del juguete dirigido

Los que fuimos niños en la Cuba de los años 70, solo teníamos derecho a tres juguetes al año: el Básico (costaba más de 6 pesos), el No Básico (de 2 a 5 pesos) y el Dirigido (inferior a 2 pesos). El orden con el que los núcleos familiares podían entrar a la tienda a comprar se decidía en un sorteo.
Esas son las mismas opciones que el país ha tenido con su destino desde 1959, solo que nunca le han permitido participar en un sorteo y ya es un anciano sin futuro ni deseos de seguir jugando. Alen Lauzán nos lo ilustra de una manera genial.

7 ago. 2017

Capitolio

Mi primo Lázaro Perez Venegas tenía un juego de Capitolio, es decir, la versión cubana del Monopolio. Cuando éramos niños y mi padre me llevaba a La Habana de vacaciones, nos pasábamos días enteros jugando. 
Aunque en la imagen no se puede leer el tablero, lo recuerdo de memoria: 
Salida/ Muralla/ Banca Comunal/ Cuba/ Impuesto/ Ferrocarril/ Águila/ Casualidad/ Monte/ Reina/ Cárcel/ Galeano/ Empresa Eléctrica/ San Rafael/ Neptuno/ Ferrocarril Occidental/ Belascoain/ Banca Comunal/ Infanta/ Carlos III/ Parqueo Gratis/ San Lázaro/ Casualidad/ Malecón/ Prado/ Ferrocarril del Sur/ 10 de Octubre/ Calzada de Luyanó/ Acueducto/ Vía Blanca/ ¡A la Cárcel!/ Avenida de los Presidentes/ Paseo/ Banca Comunal/ Quinta Avenida/ Ferrocarril Oriental/ Casualidad/ Miramar/ Impuesto de Lujo/ Biltmore.
Ahora solo me falta tirar los dados sobre la mesa, sobre esa Cuba imposible.

No coman cuento

Hace 17 años que vivo en República Dominicana y durante todo este tiempo mi sentido de pertenencia por este país no ha hecho más que crecer. Se lo debo a los increíbles dominicanos que me han tendido la mano al pasar y a lo que he hallado en mis caminos (han sido muchos). 
El sábado tuvimos que bajar a buscar a Ellen Pérez (comadre de Diana Sarlabous y una de sus amigas más queridas). Cuando volvíamos a la Loma de Thoreau, nos tocó ir detrás de una llovizna pertinaz y de este "delivery". 
Recuerdo que le dije a Diana que por cosas como esa yo amaba a este país. Entonces ella sacó el iPhone de sus cartera y, después de lidiar con la distancia y el enfoque, hizo eso esta foto.
Ya lo saben, si suben hasta Jarabacoa... ¡no coman cuento, coman queso Marte!

Dile algo al olor de los cipreses

No te dejes atemorizar
por ese enorme pájaro
que justo ahora
nos pasa por encima,
mientras sobrevuela
la casa, el bosque
y la neblina
donde por fin serás libre.

No permitas que su grito
aterrador
se clave en tu espalda.
Solo avanza despacio,
hasta que por fin 
alcances
la mejor vista del pueblo.
Dile algo al olor
de los cipreses
y piensa en todo
lo que tuvo que pasar
para que las cosas
llegaran a este punto.

No te dejes amedrentar,
ignora el peso
de su gigantesca sombra.
Si te fijas bien,
ahora eres tú
la que está
a punto
de empezar a volar.

2 ago. 2017

Cuba se detiene otra vez para que los cubanos no avancen

La dictadura de Cuba ha llegado a un punto que detesta que los cubanos disfruten cualquier tipo de bienestar, menos aún si llegan a él por cuenta propia. Prefiere que la gente no salga del círculo vicioso de la subsistencia, que permanezca encerrada en esa angustia las 24 horas del día.
Una tarde, hace ya unos años, llevé a Abilio Estévez a Casa de Teatro. Avanzábamos por la calle Padre Billini, atardecía en el corazón colonial de Santo Domingo. A un lado y al otro, la gente compartía en los colmados (bodegas). Nadie andaba sin camisa, nadie manoteaba ni gritaba, todos parecía disfrutar de ese momento.
“Los cubanos no tienen acceso a ninguno de esos placeres", me dijo Abilio y empezó a señalar cosas con la punta del dedo, como si estuviera dejando una enumeración por escrito. Hoy, al leer que el régimen de Raúl Castro “ha cancelado de forma definitiva la entrega de licencias para varios negocios privados”, recordé aquella escena.
En la Resolución del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), se advierte que “no se concederán nuevas autorizaciones para un grupo de actividades hasta tanto concluya el perfeccionamiento del trabajo por cuenta propia”. Dicho en otras palabras, Cuba se detiene otra vez para que los cubanos no avancen.
Los que tenían pensando arrendar una vivienda, pueden olvidarse de ello. El que pretendía vender croquetas, debe abandonar su sueño. El que tiene arte para remendar autos destrozados y quería poner su propio tallercito, es mejor que vaya buscando otra cosa a la que dedicarse. La lista es larga, la de las prohibiciones quiero decir.
Una vez más el Estado cubano reafirma que, además de privar a sus ciudadanos de sus libertades individuales y sus derechos fundamentales, también está dispuesto a intervenir sus sueños y cualquier ansia de mejoría en el futuro.

28 jun. 2017

Con Luisito

En esa foto aparecemos Luis Alberto García, Bladimir Zamora y yo. Fue justo en el momento en que nos reencontramos en La Habana, después de 10 años sin vernos. Las cosas tienen movimiento, decía Fito Páez en una canción inolvidable y nosotros aquí parecemos darle la razón. 
Digo todo esto porque hoy, después de que Luisito tomara en cuenta los últimos sucesos, algunos se le tiraron al cuello de su reputación. No faltó quien lo atacara de una manera tan burda, que no dejo otra opción que no fuera la de perderle el respeto. 
¿Cuándo aprenderemos los cubanos a tolerar y a permitir que alguien piense diferente a nosotros sin tener que ofenderlo? Sí, sé que nos adoctrinaron para que actuáramos así; pero no iremos a ninguna parte —como pueblo, quiero decir— si seguimos repitiendo la historia una y otra vez. 
Luisito, además de ser una persona que quiero mucho, es uno de los artistas más admirables que he conocido en mi vida. Su sensibilidad no le cabe en el cuerpo y su talento como actor me hace sentir orgullo de haber nacido en el mismo país que él. 
Denigrarlo por sus opiniones es, cuando menos, estúpido. Y esa es la única palabra que se me ocurre para calificar a quien con tanta saña y poca gracia le han descalificado.

23 jun. 2017

La tatagua

Esta enorme tatagua vivió con nosotros tres días. Quien advirtió su presencia fue Dino. Empezó a ladrarle a una de las esquinas del comedor y no descansó hasta que yo levanté la vista y la vi. Parece que aprovechó la madrugada para marcharse.
Nunca le dije que el campamento de pioneros al que me llevaban en mi infancia tenía su nombre. Estaba en la costa, junto a una caleta. El aire allí siempre olía a verano, como Santo Domingo ahora.
Una vez mi padre me acompañó. Recuerdo que consiguió un bote y remamos hasta la desembocadura de un río. A lo lejos, en las bocinas del campamento, se oía una machacona canción sobre un niño vietnamita.
Donde quiera que esté, le doy las gracias por todos los recuerdos que me dejó ahí, en lo alto, en una esquina del comedor.

22 jun. 2017

Matecumbe*

El aire gris y la sal transparente.
Los sonidos del Golfo 
y la luz 
que, 
a nuestras espaldas,
marcaba 
el camino de regreso.
¿Cuánto nos falta para llegar?,
preguntaste con los pies
contra el vidrio de la tarde.
¿Acaso nos fuimos alguna vez?,
te respondí,
mientras me cubría
de los rayos de un blues.

Cuando llegamos al final
de Matecumbe,
ya sobre el canal,
miraste el reloj,
me tomaste
de la mano
y dijiste que aún
estábamos a tiempo.
La luz, cada vez más lejana,
parecía darte la razón.
Ya en Isla Morada,
el aire gris y la sal transparente
habían desaparecido
por completo.
Nos quedamos a solas
con los sonidos del Golfo
y la escasa claridad de una guitarra
que estaba a punto de apagarse.

*Cada vez que hablo con alguien en estos textos, es con Diana Sarlabous. Ella siempre va a mi lado, en el asiento del pasajero, conduciéndome por la ruta. No recuerdo la fecha en que escribí este poema, debió ser al final de uno de nuestros viajes a Key West. Me canso tanto en ese trayecto —por la distancia y por lo que disfrutamos—, que siempre acabo haciendo algo para poder dormirme. Ese, con toda seguridad, es su origen.

21 jun. 2017

Alfredo Zaldívar prueba que estoy vivo


Al fin puedo compartir una noticia que recibí, con euforia, hace semanas. Las Ediciones Matanzas tienen en imprenta Prueba de vida, una antología de los libros que he publicado fuera de Cuba y de poemas aún inéditos.
La selección y el prólogo están a cargo de Alfredo Zaldívar, quien también fue el editor de mi primer libro (Las canciones se olvidan, Ediciones Vigía, 1991) y es una de las personas que más he llegado a querer en mi vida.
La última vez que se publicaron poemas míos en Cuba fue en 2004, gracias a Cintio Vitier, quien incluyó una selección de mi libro Itinerario (2003) en su revista La isla infinita. Volver a mi país, primero de la mano de Cintio y luego junto a Zaldívar, es una felicidad demasiado grande. 
La portada, —con un fotograma de Buster Keaton— es obra de Johann Trujillo, quien también forrajeó los tipos de letra y diseñó el interior. Recuerdo claramente el día de 1990 en que Zaldívar me fue a buscar a la estación de Matanzas y me llevó a la Casa del Escritor para que leyera en voz alta.
Ahora esperó por mis poemas y los llevó a la imprenta. Ya perdí al Paradero de Camarones; pero entre el San Juan y el Yumurí aún tengo un apeadero y no dudé en bajarme.

La mayor distancia entre dos lugares*

El río creció con las lluvias de la noche
y no autorizaron la salida de los botes.
Lo vimos de lejos,
como si fuera una diapositiva
en el telón de fondo de El zoo de cristal.
Luego, caminando entre las ruinas
de la ciudad vacía,
buscamos el edificio de los Wingfield.
Traté de encontrar
la escalera de incendios
donde Tom se reserva algunos trucos
y se guarda algún as en la manga.
Nos cruzamos con una multitud
que iba camino del Busch Stadium.
Todos llevan camisas rojas
y perros disfrazados.
Jugaban los Cardenales
contra los Gigantes de San Francisco.
En un semáforo, un negro
con las manos llenas de rosas azules
nos ofreció tickets para el partido.
El frío había llegado antes
de que se encendieran las luces
y la tarde se mantuvo alerta
hasta que el umpire
dio la voz de “¡a jugar!”.
Respirábamos el mismo aire
que los personajes
de Tennessee Williams,
por fin sabíamos
a que olía su desesperación.
El juego aún no había terminado
cuando volvió la lluvia.
¿Recuerdas la escena
en que Tom asegura que el tiempo
es la mayor distancia
entre dos lugares?
Lo comprobamos aquella noche,
mientras corríamos de regreso
a la habitación donde nos esperaban
nuestras pertenencias,
es decir,
lo que nos diferenciaba de aquella gente
que  subía borracha
a bailar en el techo del hotel.
Al final vimos algo en la televisión
para dormirnos.
Nos servimos un último bourbon,
quitamos el volumen
 y abrimos las cortinas.
El mundo estaba iluminado
por los relámpagos
cuando St. Louis
se apagó como una vela.

*Hace poco, Diana Sarlabous y yo nos pasamos tres noches en Saint Louis. Estoy revisando todo lo que escribí en esos días y me parece demasiado, sobre todo porque nos pasamos casi todo el tiempo fuera del hotel. Me imagino que este poema se me ocurrió cuando caí en cuenta que tenía delante el escenario de El zoo de cristal, una de mis obras de teatro preferidas.